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Flora y fauna de la Región Metropolitana: Naturaleza de cemento y cordillera

Si hay un lugar donde uno no espera encontrar naturaleza, ese es Santiago. Entre autopistas, edificios y el ruido constante, parece que la vida silvestre hubiera firmado su renuncia hace décadas.

Flora y fauna de la Región Metropolitana

Pero la Región Metropolitana guarda un secreto a voces: la naturaleza no se ha ido. Solo se ha corrido hacia los bordes, hacia la cordillera, hacia los cerros isla que salpican el valle, hacia los humedales que sobreviven a las inmobiliarias.

La fauna y flora de la Región Metropolitana

Cuando hablamos de la Flora y fauna de la Región Metropolitana es hacer un viaje a los márgenes, a esos lugares que los santiaguinos miramos sin ver.

La Región Metropolitana incluye especies que han aprendido a convivir con el ruido, el cemento y la contaminación. La Flora de la Región Metropolitana es la del bosque esclerófilo, el mismo que cubría todo el valle antes de que llegaran los españoles.

Y la fauna de la región sorprende: hay pumas en la precordillera, ranitas de Darwin en quebradas escondidas y aves que anidan en los parques urbanos. Los animales de la Región Metropolitana son más resistentes de lo que creemos.

La Flora de la Región Metropolitana

La Flora de la region de Metropolitana es la del bosque esclerófilo mediterráneo, el mismo que se extiende desde el río Aconcagua hasta el río Maule.

Aquí no hay alerces milenarios ni araucarias imponentes. Lo que hay son árboles de hojas duras, arbustos espinosos y hierbas que brotan con las lluvias invernales.

Las plantas que hay en la Región Metropolitana han tenido que aprender a sobrevivir no solo a la sequía, sino también a los incendios, la expansión urbana y las especies exóticas invasoras. Aun así, se resisten.

Pimpinela

Pimpinela

La pimpinela (Eryngium paniculatum) es una hierba espinosa que florece con una bola de diminutas flores blancas.

Crece en bordes de caminos, terrenos abandonados y laderas erosionadas. Es una de esas plantas que los santiaguinos pisan sin mirar, pero que cumple una función clave: fija el suelo con sus raíces profundas y evita la erosión en los cerros pelados.

Quillay

El quillay (Quillaja saponaria) ya apareció en Valparaíso, pero en la Región Metropolitana adquiere un significado especial: es uno de los pocos árboles nativos que todavía se ven en los cerros que rodean Santiago.

Su corteza jabonosa era usada por los picunches para lavar. Hoy, sus poblaciones más importantes están en el Parque Nacional Río Clarillo y en el Santuario de la Naturaleza Yerba Loca. En primavera, sus pequeñas flores blancas cubren las copas como si hubiera nevado.

Boldo

El boldo (Peumus boldus) es ese árbol de olor característico que muchos santiaguinos conocen por las infusiones, pero pocos reconocen en vivo.

En la Región Metropolitana crece en laderas secas y soleadas, especialmente en los cerros de la cordillera de la Costa. Sus hojas son ásperas, casi como lija, y al estrujarlas despiden un aroma medicinal inconfundible.

Peumo

El peumo (Cryptocarya alba) es un árbol que ama las quebradas húmedas. Se le encuentra en los faldeos de la cordillera, donde los esteros aún corren con agua durante gran parte del año.

Sus frutos rojos, los peumos, son comestibles y muy apreciados por las aves. En el Cajón del Maipo todavía se pueden ver peumales bien formados.

Arrayán costero

El arrayán costero (Luma chequen) es un pariente del arrayán de los bosques del sur, pero adaptado al clima seco de Chile central.

Su corteza también es lisa y color canela, pero sus hojas son más pequeñas y su crecimiento más lento. Se refugia en las quebradas más húmedas de la cordillera de la Costa, como las del Parque Nacional La Campana (que sí, parte de su superficie está en la Región Metropolitana).

La Fauna de la Región Metropolitana

La Fauna de la Región Metropolitana es la gran desconocida. Los animales de la Región Metropolitana han aprendido a vivir en silencio, a moverse de noche y a esconderse en los lugares donde el humano no llega.

Pero están ahí, más cerca de lo que imaginamos. Hay zorros que bajan a los parques periurbanos, ranas que croan en quebradas escondidas y aves rapaces que cazan ratones en los campus universitarios.

Zorro culpeo

El zorro culpeo (Lycalopex culpaeus) es el cánido silvestre más grande de Chile. En la Región Metropolitana vive en la precordillera y la cordillera, desde el Parque Natural Aguas de Ramón hasta el Santuario Yerba Loca. Es más grande que un perro mediano, de pelaje rojizo y cola tupida. No es raro que algún culpeo baje a las laderas de Lo Barnechea o Las Condes en busca de comida, aunque la mayoría de los santiaguinos jamás lo ve.

Chuncho

El chuncho (Glaucidium nana) es un pequeño búho de apenas 20 centímetros que vive en parques y jardines de la Región Metropolitana. Sí, así como lee: hay chunchos cazando insectos y pequeños roedores en el Parque Metropolitano de Santiago, en el Parque Bicentenario y en el campus de la Universidad Católica en San Joaquín. Es más fácil escucharlo que verlo, con su canto monótono y repetitivo.

Ranita de Darwin

La ranita de Darwin (Rhinoderma darwinii) es uno de los anfibios más fascinantes del mundo. El macho incuba los renacuajos en su saco vocal hasta que se transforman en pequeñas ranas. En la Región Metropolitana sobrevive en algunas quebradas de la cordillera, como las del Santuario de la Naturaleza Yerba Loca y el Parque Nacional Río Clarillo. Es increíblemente difícil de ver: mide apenas dos centímetros y su color marrón la camufla entre las hojas secas.

Loica

La loica (Sturnella loyca) es un ave de pecho rojo intenso que anuncia la primavera en los valles y laderas de la Región Metropolitana. En invierno se la ve en bandadas en los campos agrícolas del sector sur. En los cerros de Paine y Buin es relativamente común. Su canto es uno de los sonidos más alegres del campo chileno, aunque cada vez queda menos campo en la región.

Puma

El puma (Puma concolor) también vive en la Región Metropolitana. Así de increíble. En la precordillera de Santiago, especialmente en el sector de San Carlos de Apoquindo, el Arrayán y el Parque Natural Aguas de Ramón, se han registrado pumas que bajan a cazar vizcachas y liebres.

No es común verlos, por supuesto, pero las cámaras trampa los han capturado. Son el recordatorio de que la cordillera está viva y que sus habitantes más grandes no reconocen los límites comunales.

Zonas protegidas para la conservación de flora y fauna Región Metropolitana

La Región Metropolitana tiene un puñado de áreas protegidas que son verdaderos pulmones verdes en medio de la urbe.

El Parque Nacional Río Clarillo, en Pirque, protege uno de los mejores ejemplares de bosque esclerófilo del valle central. Sus senderos permiten ver quillayes, peumos, boldos y, con suerte, alguna loica o chuncho.

El Santuario de la Naturaleza Yerba Loca, en Lo Barnechea, es un valle precordillerano que alberga pumas, zorros culpeos y la escurridiza ranita de Darwin.

El Parque Natural Aguas de Ramón, también en Las Condes, es otro sector donde la conservación se hace desde lo público y lo privado.

Mención especial merece el Parque Metropolitano de Santiago, el pulmón verde de la ciudad con más de 700 hectáreas. Aunque no es un área silvestre protegida en el sentido estricto, alberga una biodiversidad sorprendente: chunchos, cernícalos, taguas y hasta alguna que otra vizcacha en los roqueríos del cerro San Cristóbal.

También hay que mencionar la Quebrada de la Plata, en Maipú, un relicto de vegetación nativa que sobrevive en medio de la expansión urbana.

Todos estos espacios demuestran que la Flora y fauna de la Región Metropolitana no ha muerto.

Solo espera que los santiaguinos aprendamos a mirarla. Respetar los senderos, no dejar basura y mantener distancia de los animales es especialmente importante en una región donde la presión humana es máxima.

Porque si la naturaleza sobrevive aquí, en el lugar más hostil para ella, es merecedora de todo nuestro respeto.

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