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Hay territorios que aún se resisten a ser domesticados. La Región de Aysén es uno de ellos. Aquí la carretera se acaba, los caminos son ripio y el viento tiene la fuerza de un animal vivo.

Hablar de la Flora y fauna de la Región de Aysén es asomarse a un mundo donde el ser humano es un invitado, no el dueño. La naturaleza dicta las reglas: llueve o nieva 200 días al año, los ríos se desbordan sin avisar y los hielos se derrumban con un estruendo que recuerda quién manda.
Es la tercera región menos poblada de Chile, pero una de las más inmensas: casi 110.000 kilómetros cuadrados de montañas, glaciares, lagos, fiordos y canales.
Flora y Fauna de la Región de Aysén
La Fauna y Flora de la Región de Aysén ha aprendido a vivir en este desafío perpetuo. La Flora de la Región de Aysén incluye bosques impenetrables de coigüe y ñirre, así como turberas eternas donde el musgo crece sobre el musgo. La Fauna de la Región de Aysén es la de los grandes predadores: pumas sigilosos, huemules en las cumbres y cóndores que patrullan el cielo. Los animales de la Región de Aysén son los mismos que fascinaron a Darwin cuando navegó por estos canales. En definitiva, el Ecosistema de la Región de Aysén es una de las últimas grandes regiones salvajes del planeta.
La flora de la Región de Aysén
La Flora de la region de Aysén es dura, achaparrada y resistente. No hay aquí los helechos gigantes del sur ni los alerces milenarios del norte. Lo que hay es una vegetación moldeada por el viento, la nieve y un suelo pobre y ácido. Las plantas que hay en la Región de Aysén tienen que soportar inviernos de nueve meses y veranos que apenas alcanzan los 10 grados. Han aprendido a crecer pegadas al suelo, a enredarse unas sobre otras para protegerse del viento y a florecer rápido antes de que llegue la helada. Es una belleza austera, pero fascinante.

Lenga
La lenga (Nothofagus pumilio) es el árbol de altura. Se encuentra desde los 500 metros hasta el límite arbóreo, donde la montaña se vuelve roca y hielo.
En primavera, sus pequeñas hojas brotan de un verde brillante. En otoño, se apagan en tonos cobrizos.
Su madera es durísima y pesada, tanto que los leñadores le tienen respeto. Los bosques de lenga de la Reserva Nacional Coyhaique son uno de los espectáculos más hermosos de la región.

Coigüe de Magallanes
El coigüe de Magallanes (Nothofagus betuloides) es el único árbol que se atreve a llegar hasta el fin del mundo.
Forma bosques tupidos y casi impenetrables, especialmente en los fiordos y canales, donde las precipitaciones superan los 4.000 milímetros anuales.
Es un árbol siempreverde, con hojas pequeñas y coriáceas que resisten incluso las nevadas más copiosas.

Ñirre
El ñirre (Nothofagus antarctica) es el árbol más patagónico de todos. Crece torcido, achaparrado, con el tronco inclinado en la dirección del viento dominante.
En otoño sus hojas se tiñen de amarillo intenso, tiñendo las laderas de oro.
A diferencia de su pariente la lenga, el ñirre soporta mejor los suelos pobres y es el primero en recolonizar después de un incendio o un deslizamiento.

Calafate
El calafate (Berberis microphylla) es un arbusto espinoso que produce unos frutos azul oscuro del tamaño de un arándano.
Su nombre viene del mapudungun y la leyenda dice que quien come su fruto siempre vuelve a la Patagonia.
Sus flores amarillas iluminan la estepa en primavera y sus bayas se usan para hacer la famosa mermelada de calafate.
En Aysén crece tanto en los valles interiores como en la estepa cercana a la cordillera.

Sphagnum
El sphagnum (Sphagnum magellanicum) no es una planta corriente: es un musgo que absorbe veinte veces su peso en agua.
En Aysén forma extensas turberas que parecen alfombras verdes flotantes.
Estos musgos han estado acumulándose durante miles de años, creando capas de turba de varios metros de espesor. Son tan importantes para el equilibrio hídrico de la región que su extracción está regulada.
La fauna de la Región de Aysén
La Fauna de la Región de Aysén es la de la Patagonia más pura. Aquí los animales tienen espacio para moverse: manadas de guanacos cruzan la estepa, pumas cazan sin ser molestados y huemules desafían las laderas más empinadas.
Muchas de estas especies han desaparecido de otras regiones, pero en Aysén todavía encuentran refugio. Aqui algunos a destacar:

Puma patagónico
El puma (Puma concolor) es el mismo felino que habita desde el norte hasta el sur de Chile, pero el de Aysén es más grande y de pelaje más claro, adaptado a los tonos grises y ocres de la estepa.
En la Reserva Nacional Cerro Castillo es famoso por su audacia: los guanacos han aprendido a vigilarlo constantemente.
Es el depredador tope y su presencia asegura que los ecosistemas funcionen en equilibrio.

Huemul
El huemul (Hippocamelus bisulcus) es un ciervo de figura robusta y patas cortas, perfecto para moverse por la rocosa cordillera patagónica.
Se puede ver en el Parque Nacional Laguna San Rafael y la Reserva Nacional Lago Cochrane.
A diferencia del pudú, que vive escondido en el bosque, el huemul se atreve a pastar en laderas abiertas, vigilando el horizonte.

Guanaco
El guanaco (Lama guanicoe) es el camélido salvaje más grande de Sudamérica y en Aysén forma manadas de decenas o incluso cientos de individuos.
Es el pastor natural de la estepa patagónica. Su lana es más gruesa que la de la vicuña, pero igualmente valiosa.
En la Carretera Austral es común verlos cruzar la ruta con desparpajo, como si ellos fueran los dueños del camino.

Cóndor
El cóndor andino (Vultur gryphus) no necesita presentación, pero en Aysén alcanza su máxima expresión: aquí vuela con las alas extendidas sobre fiordos, glaciares y montañas que parecen sacadas de otro mundo.
En el Mirador del Cóndor, cerca de Puerto Río Tranquilo, se pueden ver planeando a pocos metros, buscando carroña con su mirada infalible.

Chucao
El chucao (Scelorchilus rubecula) es un ave terrestre de pecho castaño que prefiere el sotobosque más denso.
Habita los bosques de coigüe y ñirre de la cordillera de la Costa y de los valles interiores.
Su canto melodioso ha dado origen a una leyenda: si canta a la derecha del caminante, es buen augurio; si canta a la izquierda, es mejor regresar.
Zonas protegidas para la conservación de flora y fauna Región de Aysén
Aysén es una región de parques nacionales inmensos y casi vírgenes.
El Parque Nacional Laguna San Rafael, declarado Reserva de la Biosfera, protege el campo de hielo norte, los fiordos y una de las poblaciones más importantes de huemul. Se llega solo por barco, lo que lo convierte en una aventura en sí mismo.
El Parque Nacional Cerro Castillo es uno de los favoritos de los viajeros que recorren la Carretera Austral. Sus bosques de lenga y sus montañas dentadas albergan pumas, guanacos y cóndores. Sus senderos de trekking son exigentes pero las recompensas son inolvidables.
La Reserva Nacional Coyhaique, pegada a la ciudad del mismo nombre, es un pulmón verde accesible para todos. Allí se pueden observar chucaos, carpinteros negros y, con suerte, algún pudú.
El Parque Nacional Patagonia, un parque privado donado por la fundación Tompkins Conservation, protege una de las áreas de estepa más importantes para la conservación del huemul y el puma.
Y por supuesto, el Parque Nacional Queulat, con su famoso Ventisquero Colgante, protege bosques de coigüe siempreverde y las turberas de sphagnum más extensas de la región.
Todos estos espacios no solo resguardan a los animales de la Región de Aysén y las plantas que hay en la Región de Aysén, sino que ofrecen al viajero una experiencia de naturaleza en estado puro.
Aquí no hay multitudes ni grandes infraestructuras. Hay silencio, viento y una belleza que quita el aliento. Cuidarla es responsabilidad de todos los que tienen el privilegio de pisar estas tierras.