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Si hay un ecosistema en chile Chile que desafía todas las ideas preconcebidas sobre la naturaleza, ese es la fauna y flora de la Región de Atacama. La mayoría cree que un desierto es sinónimo de vacío, de ausencia.
Pero Atacama enseña lo contrario: aquí la vida no abunda, pero tampoco falta. Solo que ha aprendido a esconderse, a esperar, a pasar desapercibida.

En la Región de Atacama hay plantas que pasan diez años sin asomarse y que brotan en tres días cuando llueve lo justo. Hay animales que beben agua solo una vez al mes y roedores que nunca necesitan tomar un sorbo.
Flora y fauna de la Región de Atacama
La Fauna y Flora de la Región de Atacama se concentra en lugares muy precisos: las quebradas con algo de humedad, los salares del altiplano y las laderas donde la camanchaca deja un rastro invisible de agua.
La Flora de la Región de Atacama incluye cactus que parecen esculturas y flores que solo pueblan el paisaje dos o tres veces por década.
La Fauna de la Región de Atacama, por su parte, está llena de criaturas que pocos conocen: flamencos que bailan en lagunas a 4.000 metros, zorros chilla que recorren los valles y un pequeño felino que es el gato más amenazado de América. Los animales de la Región de Atacama son discretos, pero están ahí.
Y todo esto ocurre dentro de un Ecosistema de la Región de Atacama que es, ante todo, un monumento a la paciencia.
La flora de la Región de Atacama
La Flora de la region de Atacama no se deja ver fácilmente. Hay que saber dónde mirar. En la costa, las tillandsias se aferran a los cerros como pelambre gris.
En la precordillera, los cactus se alzan en las quebradas. En el altiplano, las plantas almohadilladas resisten heladas eternas. Pero el gran espectáculo ocurre cuando, cada pocos años, llueve más de lo normal.
Entonces el desierto se tiñe de colores: es el famoso Desierto Florido, un fenómeno que ocurre solo en Atacama y el sur de Antofagasta. Las plantas que hay en la Región de Atacama incluyen algunas que no existen en ningún otro lugar del mundo.
Cactus candelabro
El cactus candelabro (Browningia candelaris) ya lo vimos en Tarapacá y Arica, pero en Atacama alcanza formas casi irreales. En la quebrada de Jorquera, cerca del pueblo de Copiapó, se alzan ejemplares de más de ocho metros, con brazos que apuntan al cielo como implorando agua. Su tronco tiene costillas profundas que se expanden cuando llueve para almacenar todo el agua posible.

Flor del sol
La flor del sol (Rhodophiala rhodolirion) es una de las reinas del Desierto Florido. Su flor es roja, intensa, como una brasa prendida en medio de la tierra seca.
Aparece solo después de lluvias abundantes, y lo hace de manera explosiva: en cuestión de días, miles de ellas cubren los llanos.
Pero pasan la mayor parte de su vida bajo tierra como un bulbo dormido, esperando el momento exacto.

Cachiyuyo
El cachiyuyo (Atriplex atacamensis) es un arbusto grisáceo que parece reseco incluso cuando está vivo.
Sus hojas están recubiertas de diminutos pelos plateados que reflejan el sol y evitan la pérdida de agua.
Crece en los suelos más salinos de la Depresión Intermedia, donde ninguna otra planta podría ni siquiera germinar.

Pata de guanaco
La pata de guanaco (Cistanthe grandiflora) es otra estrella del Desierto Florido.
Sus flores son de un rosa intenso, casi fosforescente, y brotan en matas que parecen alfombras derramadas sobre la arena.
Los lugareños dicen que su nombre viene de que las guanacos de antaño solían pisarla sin querer, y de cada pisada nacía una flor.
Llareta de Atacama
La llareta de Atacama (Azorella cryptantha) es una pariente de la llareta del altiplano, pero más pequeña y aún más dura.
Crece en las cumbres más altas de la cordillera de Claudio Gay, por encima de los 4.500 metros.
Sus almohadillas no superan los 30 centímetros de altura, pero pueden tener siglos de vida.
Algunos ejemplares probablemente vieron pasar a los antiguos indígenas changos hace mil años.
La fauna de la Región de Atacama
La Fauna de la Región de Atacama es tan esquiva como su flora. Los animales de la Región de Atacama han aprendido que el mejor lugar para vivir es donde el humano no llega o no se queda mucho tiempo. Muchos son nocturnos, para evitar el calor del día. Otros viven en las alturas, donde el aire es más frío pero también más húmedo. Y algunos, sencillamente, han encontrado su hogar en los salares, donde el agua es salobre y el entorno parece hostil.
Gato andino
El gato andino (Leopardus jacobita) es el felino más amenazado de América y uno de los más raros del mundo. En la Región de Atacama vive en las zonas más altas de la cordillera, por encima de los 3.500 metros, donde caza chinchillas y vizcachas. Es más pequeño que un gato doméstico, de pelaje gris plateado con rayas oscuras. Se estima que quedan menos de 2.500 ejemplares en todo el planeta, y la Región de Atacama es uno de sus últimos refugios.
Chinchilla de cola larga
La chinchilla de cola larga (Chinchilla lanigera) es otro habitante ilustre de Atacama. Su pelaje suave fue codiciado hasta el borde del exterminio. Hoy sobrevive en poblaciones aisladas en la cordillera de la Costa, en roqueríos donde excava madrigueras. En la Región de Atacama se la protege en la Reserva Nacional Chinchilla, una de las pocas áreas creadas específicamente para este pequeño roedor.
Zorro chilla
El zorro chilla (Lycalopex griseus) es un cánido de tamaño mediano, de pelaje grisáceo y patas oscuras. En Atacama recorre los valles transversales, las quebradas y los oasis de niebla. A diferencia de su pariente el culpeo, el chilla es más esbelto y de orejas más grandes, adaptadas para disipar el calor. Se alimenta de roedores, insectos y también de frutos, siendo un importante dispersor de semillas.
Parina chica
La parina chica (Phoenicoparrus jamesi) es una de las tres especies de flamencos del altiplano y la más pequeña de todas. En la Región de Atacama habita el Salar de Maricunga y el Salar de Pedernales, dos lagunas de altura que brillan como espejos en medio de la puna. Se distingue por su pico amarillo con la punta negra y sus patas de color naranja intenso. Filtra el agua para extraer pequeñas algas y crustáceos.
Guanaco
El guanaco (Lama guanicoe) no es una novedad, pero en Atacama vive en condiciones mucho más extremas que en Aysén. Aquí los guanacos deben recorrer decenas de kilómetros para encontrar pasto y agua. Son más delgados, de pelaje más claro y tienen una resistencia que pocos animales pueden igualar. En el Parque Nacional Nevado Tres Cruces se pueden ver manadas pastando junto a las vicuñas, en uno de los paisajes más altos y duros del país.
Zonas protegidas para la conservación de flora y fauna Región de Atacama
Atacama tiene áreas protegidas que están entre las más singulares del sistema chileno.
El Parque Nacional Nevado Tres Cruces protege una altiplanicie de más de 4.000 metros con lagunas de aguas turquesas, donde habitan vicuñas, guanacos, parinas y el esquivo gato andino.
Es un parque poco visitado, lo que lo hace aún más valioso para los que buscan soledad y paisajes sobrecogedores.
El Salar de Maricunga, dentro del mismo parque, es uno de los mejores lugares del mundo para observar flamencos en su ambiente natural.
La Reserva Nacional Pingüino de Humboldt, aunque famosa por los pingüinos, también tiene sectores en la Región de Atacama, protegiendo las islas e islotes donde anidan cormoranes, gaviotas y lobos marinos.
Pero la joya más singular es la Reserva Nacional Chinchilla, en la cordillera de la Costa al sur de Chañaral, un pequeño paraíso rocoso donde este roedor amenazado encuentra su último refugio.
También son importantes las áreas de Desierto Florido, que no son parques nacionales en el sentido tradicional, sino sectores protegidos por decreto durante los años de floración.
La Quebrada de Jorquera y el valle de Copiapó concentran parte de la flora más endémica de la región.
Estos espacios no solo resguardan a los animales de la Región de Atacama y las plantas que hay en la Región de Atacama, sino que enseñan una lección valiosa: la naturaleza no necesita ser exuberante para ser importante.
A veces, los ecosistemas más frágiles son los que guardan los secretos más profundos.
Visitarlos con respeto, sin salirse de los senderos y sin arrancar ninguna flor (especialmente en años de Desierto Florido), es la única forma de que sigan existiendo.